ENTREVISTA CON ALEJANDRO FERRETIS

 

 

¿Cómo conoció a Carlos y se involucró en este proyecto tan particular?

Soy amigo de los padres de Carlos. Lo he conocido desde que él tenía siete años de edad. El día que dejó todo para hacer películas, nuestra amistad se fortaleció. El me mostraba sus cortometrajes a mediada que los iba terminando. Y un día me dijo: “preparate porque voy a filmar mi primer largometraje y vos vas a estar involucrado”. Yo no sabía en qué nivel quería que yo me involucrara. Pensé que me pediría que invirtiera algo de dinero en la producción. Y en cualquier caso yo estaba contento de construir algo con él.

 

¿Cuál fue su reacción cuando leyó el guión por primera vez?

Me sorprendió, al principio, cuando me encontré con que él había pensado en mí al escribir el personaje. Fue un desafío doble porque él quería que yo lo interpretara. Hicimos un prueba de cámara y luego comenzamos a trabajar en el guión. Yo reconocía elementos en el guión que ya habíamos discutido juntos en el pasado, historias o detalles que yo había olvidado. Durante el rodaje yo trataba de imaginarme cómo se ensamblarían estas escenas, y cómo serían comprendidas por otros. Luego me dí cuenta de que ésta iba a ser una película importante. Aunque la película fue hecha en una locación específica e identificable, su ambición era claramente universal. Un film ideal, en nuestras conversaciones, era uno que pudiera tener cierto impacto exclusivamente a través de su contenido visual, sin recurrir a las palabras. Y el lenguaje visual de cada toma en Japón es ambicioso en ese sentido. También, es uno de los grandes privilegios de mi vida haber participado en este proyecto, cela va sans dire.

 

¿Cuál fue su experiencia  en un rodaje como éste?

Una de las grandes cualidades del director fue sin dudas el habernos provisto con muy buena comida en un lugar tan aislado, donde los teléfonos celulares no tenían recepción. Seriamente: Carlos estaba por las suyas a la hora de resolver cada problema. Los diálogos pasaron por un montón de cambios porque absolutamente nadie podía decir sus líneas sin cometer un error. También tuve que tratar con el situaciones incómodas, tales como tener que estar en una escena de desnudez con una mujer desnuda, mayor y casada, en un país donde la sensualidad está bastante reprimida. Carlos nos hizo recorrer un largo camino, permitiéndonos a Magdalena y a mí tener una relación personal, lo cual nos hizo sentir más cómodos. Yo estaba sorprendido, siempre que ella revelaba ser una persona excepcional y muy comprensiva. Uno debe recordar que la primera persona que fue seleccionada para el papel simplemente desapareció ¡el primer día de rodaje!

 

¿Estaría dispuesto a repetir la experiencia?

Si Carlos hubiera sugerido que yo interpretara un personaje que estuviera a años luz de quien soy o de lo que sé, supongo que hubiera sido otra historia. Pero incluso en una mirada retrospectiva, no sé cuál hubiera sido mi reacción si un completo extraño me hubiera ofrecido una experiencia similar.

 

 

 

 

 

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