"EL NIÑO DE BARRO"

de Jorge Algora

 

Sinopsis

Inspirada en hechos reales.
Buenos Aires, 1912. Una serie de brutales asesinatos a menores se propaga por la ciudad. Un niño de 10 años (Juan Ciancio), esconde un secreto: a veces su mente le conduce a un
oscuro lugar de la memoria en donde es testigo de los asesinatos. Al descubrirse su secreto muchos creerán que es el asesino. Estela, su madre (Maribel Verdú), con el apoyo del forense de la policía, el Dr. Soria (Chete Lera), tratan de encontrar una explicación racional a las visiones y así minar el
escepticismo del Comisario Petrie (Daniel Freire).
Pero los asesinatos siguen ocurriendo….Y el caos termina por adueñarse de la situación.


Elenco
MARIBEL VERDÚ (El Laberinto del Fauno, Y tu mamá también, La Buena Estrella)
DANIEL FREIRE (Mir, Lucía y el Sexo)
CHETE LERA (Abre los Ojos, Smoking Room)
JUAN CIANCIO (En su presentación)
CÉSAR BORDÓN (Cautiva, Rosarigasinos, Ojos que no ven)
ABEL AYALA (Maradona, Grité una noche, El Polaquito)
ROLY SERANO (No sos vos, soy yo; El Polaquito, Nueve Reinas)
OSCAR ALEGRE (Buena Vida Delivery, La Fuga, Diarios de Motocicleta)
SERGIO BORIS (Whisky, Romeo, Zulú; El Abrazo Partido, Diarios de Motocicleta)


El Director
Jorge Algora realiza su primera pieza audiovisual en 1984 y hasta hoy ha trabajado ininterrumpidamente en la dirección y realización de programas de televisión, documentales y
mucha publicidad. Aunque nace y comienza a desarrollar su actividad en Madrid, se traslada afectiva y laboralmente a Galicia en 1986, donde realiza la mayoría de su producción.
En los últimos años ha dirigido los documentales “Emigrantes en tierra de emigrantes”, “Tierra de náufragos”, “Camino de Santiago, el Origen” y la serie documental de 104 capítulos “Galicia Visual”.
En 2005 estrenó su primer largometraje para televisión “Mintiendo a la vida” (Televisión de Galicia, Televisión de Cataluña y Televisión Valenciana).
En 2007, estrenó su primer largometraje de ficción “El niño de barro”, film rodado íntegramente en Argentina.
Es socio de la empresa Adivina Producciones, miembro del comité estratégico del Cluster Audiovisual de Galicia y pertenece a la Asociación de Directores y Realizadores.


Carta del Director
Lo primero que me interesó de “El Niño de Barro”, fue el personaje en el que se inspira el guión:
Cayetano Santos Godino, “El Petiso Orejudo”. Un demente que comenzó sus ataques a los diez años, mató por simple placer a cinco niños y lo intentó con otros siete. Fue detenido a los
dieciséis y la historia lo ha convertido en leyenda.
Apoyándome en la idea de que los agresores se apoderan de la vida de sus víctimas, el protagonista de mi película no es Cayetano, sino “El niño de barro”, uno de los menores a los
que torturó y que, por su naturaleza especial, quedó “conectado” con él.
Este planteamiento me permite crear un espacio, “las pesadillas”, que utilizo para no tener que mostrar las escenas más duras de agresión a los menores… Los sonidos nos hacen imaginar el resto.
Los habitantes de “El niño de barro” están indefensos ante la desigualdad y la injusticia. En su mundo es creíble la aparición de monstruos que actúan a sus anchas con total impunidad.
Ninguna luz señala el final del túnel.
He buscado la tensión, la angustia y la sorpresa. Sumergir al espectador en una atmósfera desasosegante, en la que se recorten los empeños inútiles de los protagonistas y la impotencia adquiera el más elocuente de los significados.
Mi preocupación por los niños víctimas, torturados, utilizados sexualmente… los convierte en el motivo principal de la película.
Cuento algo que ocurrió en Buenos Aires en 1912 pero las noticias, que hoy llenan las páginas de los diarios, en cualquier lugar del mundo, nos demuestran que los motivos para las
pesadillas, siguen estando ahí.

Jorge Algora
Director de “El niño de barro”

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De cómo Juan Ciancio se convirtió en El Niño de Barro

Viernes, primera semana de rodaje. Es de noche y está preparado el efecto de lluvia. Nos encontramos en una de las calles de San Antonio de Areco, rodando una de las secuencias más duras e impresionantes de “El niño de barro”. Todo el equipo guarda silencio, parapetado en el interior de los camiones o en las carpas montadas para protegernos de la lluvia y el frío.
Juan Ciancio, mi protagonista de 11 años, aparece acompañado por el equipo de vestuario y maquillaje. Viste con uno de esos pijamas enteros de época, como los del Western. Cecilia
Monti, la Jefa de Vestuario, me dice que para conseguir el aspecto que necesito, el niño se deberá revolcar en los charcos de la calle; doy el visto bueno con la preocupación de saber lo
desagradable que le va a resultar al chaval, a pesar del neopreno térmico que lleva por debajo.
Le transmiten la orden y Juan, sin dudarlo ni un segundo, comienza a revolcarse por el suelo, como si se tratara de un juego en un parque temático. De pronto se levanta y me grita, con las manos arriba:
¡Jorge! ¡Acá tenés a tu “niño de barro”!
Walter Rippel, mi director de casting argentino, era el encargado de encontrar al protagonista.
Tenía que ser un niño, que respondiera a estos planteamientos previos:
El Niño de Barro
Argentino, moreno, delgado, bajito y de aspecto frágil.
Debe expresarse con timidez pero también tiene que ser capaz de tener arrebatos que demuestren un carácter fuerte.
El espectador ha de identificarse con él, pero también debe haber algo en él que nos resulte inquietante.
Necesito que sea creíble como niño que vive en un barrio obrero, que sobrevive en la calle y que no lo tiene fácil.
Walter chequeó, con este perfil, a unos 150 niños, principalmente actores, pero como no llegaban a encajar, amplió la búsqueda a otros 500 pidiendo que tuvieran, al menos, alguna experiencia de teatro escolar.
Sobre ellos hicimos una selección de 10, con los que quise trabajar personalmente. Entre ellos había niños con más de 7 películas y con gran solvencia interpretativa.
Tras las primeras sesiones de trabajo, nuestros ojos se dirigieron a Juan Ciancio. A Juan, de tan sólo once años, le avala una interesante experiencia teatral desarrollada junto al grupo de teatro vecinal "Catalinas Sur" del barrio de La Boca. El cortometraje "La familia de Roque" fue su primer contacto con el cine.
Sin embargo, todavía algo no me acababa de cerrar. Pedí un nuevo encuentro y hablamos. Le hice ver lo importante que era para mí esta película y le dije que, si finalmente resultaba
elegido, estaría totalmente en sus manos. Le expliqué el nivel de verdad que necesitaba, todo el tiempo que íbamos a pasar juntos y que creía en él. Traté de indicarle los aspectos en los que  dudaba y los recursos expresivos que necesitaba encontrar. Quedamos emplazados para tres días más tarde e increíblemente, Juan, había encajado cada uno de los matices que le había propuesto. Exhibía ahora una capacidad interpretativa comprometida y crítica, que además, fue
capaz de mantener hasta el último día de rodaje.
El pasado mes de diciembre nos volvimos a encontrar y vimos juntos la película, al terminar, Andrea, su madre, lloraba y Juan me dijo, con ese convencimiento suyo de niño que trata de
parecer maduro, “Está muy bien, mereció la pena trabajar juntos”.
Mientras se alejaba por el pasillo del hotel, me quedé pensando en sus palabras, los dos habíamos cumplido nuestra parte del trato y eso era lo verdaderamente importante.


Inspirada en hechos reales...
El Petiso Orejudo: primer asesino serial argentino
Comenzó a matar siendo un adolescente. Sus víctimas eran niños indefensos. El de Cayetano Santos Godino es uno de los casos más escalofriantes de los que se registran en las crónicas policiales.
Un día de 1906, el empleado municipal Fiore Godino entró en la comisaría décima, en la calle Urquiza 550, y a gritos clamó ayuda para controlar a su propio hijo, Cayetano Santos Godino, de sólo 9 años:
–¡Señor comisario, yo no puedo con él! Es imposible dominarlo. Rompe a pedradas los vidrios de los vecinos, les pega a los chicos del barrio… Y si lo encierro en casa es peor. Se pone como loco. El otro día encontré una caja de zapatos. Había matado a los canarios del patio, les había arrancado los ojos y las plumas y me los dejó en la caja, al lado de mi cama…
El comisario fue a buscar a Cayetano al conventillo de la calle 24 de Noviembre 623, donde vivían entonces los Godino, y se lo envió al juez. Tras una reprimenda, fue devuelto a sus
padres. Como no mejoraba, en 1908 lo encerraron en un reformatorio de Marcos Paz. Pasó allí tres años, pero no sirvió de nada.
Cayetano Santos Godino comenzó a matar y a quemar en una escalada criminal como la ciudad jamás había visto. Cayetano Santos Godino, quedó en la historia criminal argentina –y en la
mitología negra de Buenos Aires– como "El Petiso Orejudo".
Fiore Godino y Lucía Ruffo, dos campesinos sardos, habían llegado en 1884 a Buenos Aires.
Eran analfabetos y huían de la pobreza, pero también de una tragedia personal: el hijo primogénito, también Cayetano, había muerto de una afección cardiaca a los diez meses de
edad. Después, los Godino tuvieron una hija, Josefa, con la que emprendieron la travesía, y en Buenos Aires les nacieron nueve hijos más. Al último, que vio la luz en 1896 en el conventillo de
Deán Funes 1158, lo bautizaron Cayetano, como al muertito.
La vida de los Godino no fue fácil; no sólo porque Ámérica ya estaba hecha, sino por las desventuras de Fiore. El padre de Cayetano era sifilítico y alcohólico, aunque se las arreglaba
para ir tirando, hasta que finalmente consiguió un trabajo de farolero (encendía el fuego en los faroles del alumbrado). Cayetano era un chico frágil: enfermó de enteritis a los pocos años y creció raquítico. Peor les fue a algunos de sus hermanos, como Antonio, que era epiléptico.
Cuando Fiore llegaba a casa –las dos piezas del conventillo donde la familia habitaba– le propinaba feroces palizas a Lucía y a sus hijos. Cayetano fue a varias escuelas, pero duraba
poco: lo expulsaron seis veces y nadie le enseñó a leer. Cuando fue revisado por los médicos, éstos contaron 27 cicatrices en la cabeza provocadas por las palizas del padre y de su hermano Antonio.
A los siete años, Cayetano era tan bajo y menudo que parecía de cuatro. Lo llamaban "El Oreja" o "El Petiso Orejudo" porque sus apéndices auditivos eran grandes y apantallados. A los 8
cometió su primera fechoría. Tomó de la mano a un niño de 21 meses y lo llevó a un baldío donde comenzó a pegarle en la cabeza con una piedra. Al pequeño Miguel de Paoli lo salvó el
vigilante de la esquina, que llevó al agresor a la comisaría. El padre tuvo que ir a buscarlo y todo quedó como una pelea de chicos. ¿Quién podía pensar que con ese incidente comenzaba su carrera el mayor asesino serial y pirómano nunca conocido en el sur de América?
No se sabe qué sucedió durante los tres años que Cayetano pasó en la colonia penal de Marcos Paz, salvo que varias veces intentó fugarse. Pero a fines de 1911 mandaron a Cayetano a casa para que pasara la Navidad en familia.

La niña en llamas
Al año siguiente, 1912, iba a ser un año lleno de acontecimientos, en la Argentina y en el mundo. Se hundió el Titanic en el Atlántico norte y en algunos cabarets de Buenos Aires comenzó a actuar un dúo de tangueros: el cantor Carlos Gardel y su guitarrista José Razzano.
Pero para muchos porteños aquel 1912 quedó en la memoria como un año atroz, porque fue cuando un fantasma recorrió Buenos Aires dejando una huella de sangre…
El 25 de enero de 1912 se encontró, en una casa vacía de Pavón 1541, el cadáver de Arturo Laurora, de 13 años, golpeado y estrangulado.
A las seis de la tarde del 7 de marzo de 1912, una niña de 5 años llamada Reina Bonita Vainicoff, hija de inmigrantes judíos que vivían en la avenida Entre Ríos 522, miraba la vidriera
de una zapatería. De pronto, sin que nadie atinara a darse cuenta cómo, el vestido blanco de Reina Bonita, lleno de volados y puntillas, comenzó a arder. Alguien le había tirado un fósforo. A pesar de los gritos desgarradores de la niña en llamas, y de que un policía se tiró sobre ella para apagar el fuego con el cuerpo, no pudo ser salvada. Reina Bonita, con quemaduras múltiples, murió 16 días más tarde. La tragedia se ensañó con la familia Vainicoff: el abuelo, al ver que su nieta ardía, cruzó la avenida Entre Ríos sin mirar y lo mató un auto.
Pero todo se iba a precipitar el día de la tragedia, el martes 3 de diciembre de 1912.

Un chico llamado Jesualdo
Pocos lugares habría más tranquilos que aquella cuadra de la calle Progreso (hoy Pedro Echagüe) entre Jujuy y Catamarca. Esa mañana, la señora María Giordano abrió la puerta de la
calle y miró al cielo. Estaba nublado y bochornoso, pero no parecía que fuera a llover.
Dirigiéndose a su hijo Jesualdo, un gordito de tres años y medio que llevaba una pelota colorada bajo el brazo, le recomendó:
–Quedate jugando en la vereda, Jesualdito, pero no crucés.
Fue lo último que le dijo. Cuando volvió a verlo, su hijo estaba muerto. La tarde del 3 de diciembre, Jesualdo fue encontrado en un basural conocido como la quinta Moreno, donde
funcionaba antes el horno de ladrillos de la fábrica La Americana. Lo habían estrangulado con trece vueltas de un piolín que se le hundió en el cuello. Como no terminaba de morir, el homicida le perforó la sien derecha con un clavo de cuatro pulgadas, al que golpeó con una piedra hasta que la punta salió por el otro parietal. Luego tapó el cuerpito con chapas de zinc y se fue tranquilamente a su casa.
El horroroso crimen de Jesualdo Giordano hizo explotar a la ciudad. El conventillo de Progreso 2585, en el que vivían los Giordano, se colmó de vecinos indignados. Según la crónica del diario La Prensa, la policía sabía perfectamente quién era el asesino: sospechaban hacía tiempo de Godino, aunque no tenían pruebas. Quizá no se animaban a proclamar que un niño fuese el culpable de esos crímenes que la opinión pública adjudicaba a siniestras organizaciones criminales como la Mano Negra, dedicadas a secuestrar chicos.
"El Oreja", con inconsciencia, parecía provocar al mundo. Durante la reconstrucción del crimen de Jesualdo, Godino fue visto entre el gentío que llenaba la quinta Moreno. También fue al velorio, y hasta algunos dijeron que se mostró compungido al acercarse al féretro blanco y tocar la cabecita con mano trémula. Se sabe que compró un ejemplar del diario y se hizo leer la crónica de los hechos (era analfabeto). Luego recortó la noticia y se la guardó.
Los vecinos que declararon ante la policía coincidieron: poco antes del hecho, habían visto pasar al pequeño Jesualdo de la mano con Godino. "El Oreja" fue detenido la noche del 5 de
diciembre. Los diarios revelaron los detalles de la confesión del "Petiso", que habló durante varias horas.


Los gatitos muertos
En 1933, José María Soiza Reilly, periodista y escritor muy popular, entrevistó a Cayetano Santos Godino en la celda que ocupaba, la número 90. Por esa entrevista, publicada en la
revista Caras y Caretas, el público se enteró de que Godino había matado a dos gatitos que eran las mascotas de los presos, y que por ello le habían propinado una feroz paliza. También contaba que en una de las primeras operaciones de cirugía estética que se habían hecho en el país le habían achatado las orejas, esas orejas aladas que según algunos eran la causa de su maldad. La operación fue auspiciada por el gobierno, que envió un equipo médico y un fotógrafo a Ushuaia.
Cayetano Santos Godino nunca recuperó su libertad. Según el certificado de defunción, "El Petiso Orejudo" falleció el 15 de noviembre de 1944 por una hemorragia interna causada por
gastritis avanzada. ¿Murió de una paliza que le propinaron los presos? Cuenta la leyenda que, cuando el penal fue clausurado, en 1947, los huesos de nuestro primer asesino serial no
pudieron ser hallados en el camposanto del lugar. En cambio, la esposa del último director tenía un pisapapeles con el fémur de Cayetano Santos Godino.

Pequeñas Mentes Perversas
En Inglaterra, la sociedad británica es todavía incapaz de comprender que fue lo que movió a John Venables y Robert Thompson de tan sólo 10 años a matar al pequeño James Bugler, un bebé de 2 años que se encontraba jugando en un centro comercial la mañana del 12 de febrero de 1993.
Cuando Thompson y Venables le tendieron la mano al niño, James curioso y de naturaleza jovial (extrovertida), no se lo pensó dos veces. Su madre al percatarse de la desaparición del pequeño, dio la voz de alarma de inmediato, pero ya era tarde… James se había alejado de la mano de sus asesinos por una salida secundaria, como más tarde mostrarían unas cámaras de circuito cerrado.
Fue el comienzo de una larga agonía. Cuando llegaron a la vía del tren del paraje de Walton, Thompson y Venables no mostraron piedad alguna. Primero le arrojaron ladrillos al pequeño, luego lo golpearon repetidas veces con una barra de metal. Thompson le dio una patada tan fuerte en la cara que le dejo la huella marcada en la piel. Finalmente le bajaron los pantalones, le quitaron los pañales y lo torturaron con baterías eléctricas. El cadáver del bebé fue hallado cuatro días después: un tren lo había cortado en dos.
El 75% de los asesinos en serie se encuentra en EEUU
En Europa: Francia, Italia y Alemania aglutinan el 68% de los asesinatos en serie del continente
El 90% son hombres
El 86% son heterosexuales
El 44% inicia sus asesinatos entre los 20 y los 30 años, el 26% se inicia en la adolescencia y el 24% a partir de los 30.
Se dan igualmente una serie de requisitos:
Deben asesinar entre 3 y 5 víctimas.
Reflejan sadismo en los asesinatos para dejar constancia de su superioridad.
No suelen tener ninguna relación con sus víctimas.
El motivo que les lleva a matar es psicológico, no real.
Suelen escoger víctimas vulnerables.
La mayoría de los estudios psicológicos son incapaces de hallar respuesta a estos comportamientos, justificándolos como seres incapaces de distinguir entre el bien y el mal de
sus actos e incapaces también de sentir algún tipo de dolor ajeno, compasión o simpatía por sus víctimas.
80 años más tarde se muestra una vez más, que la violencia, la
agresividad, el miedo, la curiosidad, e incluso el morbo, son una
condición humana que ni se crea ni se destruye, sino que se
transforma y se adapta a los tiempos de múltiples formas."
 

Referencias Cinematográficas
Los niños gozan normalmente en la Gran Pantalla de una concepción victimista y cándida que se torna ingenua en aquellos filmes de terror que optan por invertir las reglas del juego al plantear un entramado donde los niños, de apariencia inocente y dulce, se convierten en seres malignos, temibles y peligrosos de ascendencia monstruosa o psicopática.
Hay muchas películas que utilizan, como elemento seductor, la figura del asesino en serie, pero muchas menos si es un niño el verdugo y me atrevería a decir que ninguna si las víctimas son
niños y los hechos responden a hechos reales. En este género de perversos querubines nos vamos a encontrar con babys mutantes desorientados, aspirantes a psychokiller, neo-especies que buscan un lugar en un mundo que no los comprende pero los teme, niños poseídos por el diablo o bebés con irrefrenables deseos de sangre… son los niños malvados que se han hechocon un palco preferente en el Género de Terror. Pero “El niño de barro” va más allá, ya que la realidad, en este caso como en tantos otros, desgraciadamente supera la ficción y el Petiso Orejudo realmente existió.
Por este motivo buscar referentes resulta más complicado, pero como hoy en día ya casi todo está inventado, varios directores se han hecho eco de la maldad de los inocentes. En esta línea nos topamos con la película “¿Quién puede matar a un niño?”, basada en la novela “El juego” de Juan José Plans, que narra la historia de dos turistas anglosajones que viajan a una isla pequeña y desocupada buscando tranquilidad. Así se encontrarán con un pueblo prácticamente deshabitado que parece sólo tener lugar para los juegos de ociosos niños. Pero los protagonistas descubrirán, poco a poco, la verdadera naturaleza de la isla y el peligro, terrible, que deparan sus jóvenes habitantes.
Esta película constituye una obra de inspiración sobresaliente, bebedora del Cine del Hitchcock; una película macabra y espeluznante protagonizada por niños asesinos que planean y ejecutan una venganza contra el mundo de los mayores para lograr su exterminio.
El film, de Narciso Ibáñez Serrador, nos trae a la memoria aquellos filmes en los que los niños, disfrazados de imberbe inocencia (como El Petiso), se revelarán como ávidos asesinos, que no dudan en esgrimir una pose violenta y sádica para hacer realidad los propósitos insanos que sus mentes maquinan.
En “El Pueblo de los Malditos” los niños nuevamente protagonistas, idean de forma colectiva asentar una colonia que les permita hacerse un hueco como raza destructiva e inmisericorde en el nuevo planeta que los acoge. En el excelente remake de Carpenter, los niños formarán un
grupo peligroso y dominante, con un comportamiento destructivo, que no dudará en torturar o matar a cualquiera que se interponga en su camino, así se trate de sus propios padres.
“Los chicos del maíz” es una producción de serie B que versa acerca de una pareja de turistas perdidos en mitad de Nebraska, que se topan con un pueblo desposeído de adultos por culpa de una comuna de adolescentes aficionados a los juegos sectarios y a los asesinatos rituales.
Pero no todos los niños del cine de terror necesitan sentir el respaldo de un grupo para llevar a cabo sus crueles fechorías. A veces, un único sujeto es suficiente para sembrar de inquietud y desasosiego toda una comunidad. En “Mala semilla” de Mervin Leroy, Rhoda es una niña de unos ocho años, planificadora y destructiva, cuya madre sospecha que es la responsable de varios delitos, incluido un asesinato, ocurridos en el entorno de la pequeña. La ascendencia criminal, heredada, parece conducirla irremisiblemente hacia el mal, y la niña no hace nada para cambiar ese rumbo en esta cinta que parte de una premisa sugerente, ¿el mal nace o se hace? 16
La influencia del padre, es muchas veces un elemento recurrente. En el film de Mario Bava, “Shock", se narra la historia del pequeño Marco, de siete años, y su madre, recién enviudada, que trata de rehacer su vida con su nuevo esposo. Al volver a su antigua casa, el niño se muestra cada vez más convencido de que su madre es la responsable de la muerte de su progenitor y cometerá una serie de actos que acabarán propiciando la locura de su madre. La mala relación entre Marco y su nuevo padre, y la influencia sugestiva del recuerdo de su progenitor, marcará el futuro de una familia a la que no le gustan los intrusos.
En “El ángel malvado”, Macauley Culkin interpreta al personaje infantil Henry Evans, un niño de comportamiento ejemplar de cara a la galería que, sin embargo, oculta una conducta
maquiavélica que su primo Mark, recién trasladado a su casa, no tardará en constatar. Sin embargo, la actuación de este pequeño aspirante a psychokiller, es solapada por una apariencia cálida y afectuosa que nos recuerda a Cayetano cuando rechaza robar o coge de la mano dulcemente a sus víctimas.
Y en el espantoso silencio de la casa, mientras seguía sentado en la cama, impotente, con el rostro oculto entre las manos, oyó la risa aguda, dulce, maligna de un niño...

 

Datos técnicos
Grabada en HD, ampliada a 35mm
Formato de Proyección 1:1.85
Sonido Dolby Digital
Metraje: 2918m
Año de producción: 2006
Duración: 1h 43 min
Países coproductores: Argentina, España
Una Producción de Adivina Producciones – Iroko Films – Castelao Producciones –Pol-ka
Producciones – Patagonik – Televisión de Galicia
Con el apoyo de: INCAA – ICAA – Xunta de Galicia – Institut Catalá de les Industries Culturals –
ICO – ICF – Ibermedia – Programa Raíces – Instituto Audiovisual de Galicia
Distribuida en Argentina por Buena Vista International

 

 

 

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