"EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA"

de Kevin Macdonald



“Yo mismo me considero (sic) la figura más poderosa del mundo”.
-- Idi Amin


Supuestamente iba a ser una aventura desenfrenada en un país remoto, pero cuando un doctor joven e ingenuo llega a Uganda en la década de los 70 —en búsqueda de diversión, sol y con la intención de brindar una mano— se topa, en cambio, con un viaje impactante hacia el reino más siniestro de la tierra: el corazón humano. Esta es la historia de EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA, un thriller intenso que recrea en pantalla al país de Uganda bajo la desquiciada dictadura de Idi Amin. La película, que mezcla hábilmente la realidad con la ficción, y que hace una evocación sorprendente del mundo actual, nos ofrece una actuación soberbia de Forest Whitaker en el papel de Amin, y esculpe dos retratos inolvidables: el primero, el de un gobernante carismático, pero psicópata, que arruinó a su país, y el segundo, el de un testigo de la historia que encontró finalmente el valor para mantenerse firme.
Todo comienza una vez que el apuesto doctor escocés Nicholas Garrigan (James McAvoy), recién salido de la escuela de medicina, emprende un viaje a Uganda, en búsqueda de emociones, romance y el placer de ayudar a un país que necesita realmente de sus habilidades médicas. Poco tiempo después de su llegada, Garrigan es requerido en la escena de un extraño accidente: Idi Amin, el recién nombrado líder del país, ha estrellado su Maserati contra una vaca desafortunada. Amin queda impresionado con la franqueza descarada de Garrigan, una vez que éste, de manera valerosa, toma el control de la caótica situación. A Amin, ya obsesionado con la historia y cultura escocesas, de inmediato le agrada Garrigan y al poco tiempo le ofrece el inusual trabajo de convertirse en su médico particular.
Es una oferta tan increíble que el doctor no la puede rechazar —y, con ello, inicia su odisea hacia el círculo íntimo de uno de los reinos de terror más espantosos de África. Al principio, Garrigan es seducido por la ya famosa personalidad encantadora de Amin y sus ambiciosos planes para Uganda, además de la pasión del gobernante por los autos deportivos, las mujeres bellas y las fiestas glamorosas. Conforme pasa el tiempo, seducido por su propio deseo de poder, Garrigan se convierte en el confidente, asesor y brazo derecho del dictador, quien lo lleva a presenciar eventos cada vez más perturbadores —secuestros, asesinatos y actos atroces, de las que él mismo podría ser cómplice. Atrapado en el abismo moral de la megalomanía asesina de Amin, Garrigan casi pierde su alma. Pero cuando finalmente intenta ponerle fin a la demencia, acaba en una lucha desesperada de supervivencia.
Basada en la premiada novela homónima de Giles Foden, EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA es dirigida por el aclamado documentalista Kevin Macdonald (TOUCHING THE VOID, ONE DAY IN SEPTEMBER) a partir de un guión de Peter Morgan y Jeremy Brock. Con un reparto que incluye a Forest Whitaker, James McAvoy, Kerry Washington Simon McBurney y Gillian Anderson, la película es producida por Andrea Calderwood (THE CLAIM) de Slate Films, y Lisa Bryer y Charles Steel de Cowboy Films (WASP, THE HOLE, GOODBYE CHARLIE BRIGHT). Los productores ejecutivos son Tessa Ross (BILLY ELLIOTT, ENDURING LOVE) de FilmFour; Andrew Macdonald (productor de 28 DAYS LATER, TRAINSPOTTING) y Allon Reich (FOUR FEATHERS, DIRTY PRETTY THINGS) de DNA.
Filmada en Escocia y Uganda, con el apoyo de su gente, el escasamente visto mundo de la Uganda de Idi Amin es captado por un equipo de producción que incluye al director de fotografía Anthony Dod Mantle, DFF BSC, (MILLIONS, 28 DAYS LATER), al diseñador de producción Mike Carlin (ADVENTURES IN DIGITAL COMICS), a la editora ganadora del Premio British Independent Film Justine Wright (ONE DAY IN SEPTEMBER, TOUCHING THE VOID) y al diseñador de vestuario Michael O'Connor (HARRY POTTER AND THE CHAMBER OF SECRETS, PROOF OF LIFE).



Adentro del Corazón en Tinieblas de un Dictador:
La Historia de EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA

¿Cómo reaccionarías ante la seductora influencia del poder? ¿Estarías dispuesto a corromper u olvidar tu propio código moral para conseguirlo? ¿Qué le sucede a alguien que comienza con buenas intenciones y termina convirtiéndose en un individuo con sed de sangre? Estas son las preguntas que plantea el fascinante thriller EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA, que lleva al público a través de un impactante viaje adentro del mundo de uno de los líderes más fascinantes y aterradores de todos los tiempos: Idi Amin, famoso por su electrizante magnetismo, pero cuyo brutal gobierno dejó muertos a casi medio millón de sus compatriotas.
La producción también representa la primera película enteramente dramática del documentalista ganador del Oscar® Kevin Macdonald. Famoso por su cautivador estilo de dirección, las dos películas previas de Macdonald fueron TOUCHING THE VOID, una inspiradora historia de supervivencia en las montañas, y la ganadora del Premio de la Academia® ONE DAY IN SEPTEMBER, un análisis punzante del acto terrorista acontecido en las Olimpiadas de Munich. Cuando Macdonald leyó la premiada novela, inspirada en hechos reales, The Last King of Scotland, del escritor Giles Foden, sintió de inmediato que tenía toda la tensión desgarradora que brinda una historia de terror y supervivencia de la vida real —junto con la intuición humana y riqueza estructural de un thriller de ficción.
“La vi como un tipo de historia clásica acerca de un joven que se embarca en búsqueda de aventuras, obtiene mucho más de la que esperaba, y, en el proceso, se da cuenta de quién es realmente”, explica Macdonald. “Hasta cierto punto, podría ser una historia acerca de un líder tiránico en cualquier parte del mundo, pero también me pareció atrayente porque en realidad nadie ha hecho una película como ésta acerca de África”.
Macdonald continúa: “Siempre me he sentido atraído hacia proyectos que transportan al publico a lugares nuevos, que los expone a mundos desconocidos, y lo que espero es que incluso si nunca antes han oído hablar de Idi Amin, cuando terminen de ver EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA, piensen, ‘vaya, eso me ha abierto los ojos a algo distinto’”.
Muchos ojos quedaron abiertos cuando Giles Foden publicó por primera vez su novela en 1998, ya que lo llevó a ganar el prestigioso Premio Whitbread a Primer Novela, un Premio Somerset Maugham, un Premio Betty Trask y el Premio Memorial Winifred Holtby. Desde hace mucho tiempo, Foden, quien se mudó de Inglaterra a África con tan sólo cinco años de edad y creció parcialmente en Uganda, quería escribir una novela acerca del extraño y aterrador régimen de Idi Amin. A la postre, encontró la manera, más allá de los velos mitológicos que rodearon a Amin, para adentrarse en el corazón íntimo del mundo del dictador —al crear un joven doctor ficticio que se convierte en fiel amigo y confidente de Amin, sólo para descubrir que está atrapado en un reino que día a día se torna cada vez más violento y descontrolado.
Foden, quien mezcló los dilemas morales ficticios del Dr. Nicholas Garrigan con impactantes historias reales del gobierno de Amin, creó un emotivo escaparate no sólo acerca del pasado de Uganda sino también en torno a la pregunta de cómo la gente ordinaria reacciona cuando se ve enfrentada ante los peores actos de humanidad. Tituló la novela The Last King of Scotland de acuerdo a uno de los presuntuosos nombres con los que se hacía llamar Amin. (Otros nombres extravagantes con los que se hacía llamar el líder incluían “Conquistador del Imperio Británico” y “Señor de Todas las Bestias de la Tierra y Peces del Mar”).
Cuando la productora Lisa Bryer leyó el libro de Foden, de inmediato reconoció el potencial cinematográfico que tenía la historia. “Me pareció que podía encajar de manera perfecta dentro de la gran tradición de los thrillers clásicos que como fondo tienen algo real, como fue el caso de SALVADOR y MISSING”, comenta. “Sentí que tenía un atractivo universal —cualquiera que ame una buena historia se sentirá atraída a ésta. También es muy relevante porque tienes la oportunidad de ver cómo, en la actualidad, se repiten este tipo de historias”.
El socio de Bryer, Charles Steel, estaba igualmente intrigado. “Esta es una historia imperecedera de un joven en búsqueda de la aventura, que se pierde en el camino y después encuentra la redención”, comenta Steel. “Pero también se empalmaba con esta relación fantástica y reveladora que se da entre Nicholas e Idi Amin; un tipo de historia similar a la de la bella y la bestia”.
Bryer y Steel le llevaron la idea a Andrea Calderwood, otrora jefa del departamento de drama de la BBC de Escocia, quien ayudó a echar a andar el proyecto y eventualmente atraer a Andrew Macdonald y Allon Reich, de DNA, y Tessa Ross, de FilmFour. Fascinada con el tema de la historia, Calderwood estaba profundamente comprometida en llevar la historia a la pantalla grande, a pesar de que sabía que no iba a ser fácil. “La historia de EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA es muy singular y tiene gran repercusión hoy en día”, comenta. “No sólo es realmente entretenida sino también verdaderamente original, y no una repetición de algo que todos hemos visto antes. Pero, al mismo tiempo, es muy osada al decir que Idi Amin era un ser humano —obviamente un ser humano muy imperfecto, pero ser humano a final de cuentas”.
Pasaron años para poder echar a andar el proyecto, pero finalmente un absorbente guión resultó del trabajo de dos importantes guionistas británicos, Peter Morgan y Jeremy Brock. “La adaptación fue muy difícil”, señala Bryer. “Tenías que encontrar la manera para que el público siempre sintiera compasión por Nicholas Garrigan, porque es con quien te adentras en el mundo de este brutal dictador. La clave era encontrar ese delicado balance entre la inocencia de un joven y la arrogancia y violencia de un lunático”.
Con el guión terminado, los realizadores buscaron a un director que estuviera dispuesto a aventurarse en un terreno cinematográfico totalmente desconocido: Uganda. Si bien el relativamente neófito Kevin Macdonald era un riesgo para una película que ya se estaba dando licencias temáticas, los productores supieron, una vez que se involucró, que era la elección perfecta. “Kevin es extraordinario”, comenta Bryer, “nunca he trabajado con alguien como él. Es tan letrado y brillante, y con sus antecedentes en el mundo documental, su investigación es inigualable. De no ser por él, no hubiéramos podido hacer esta película”.
Todavía quedaba un reto potencialmente imponente antes de que la producción pudiera dar inicio. Macdonald y los productores de la película acordaron que era esencial filmar la película en Uganda. Pero hasta hace poco, el país era prácticamente inaccesible para todos, excepto para el occidental más osado, e Idi Amin sigue siendo una figura controvertida que todavía puede reavivar emociones peligrosas en este lugar. Además, el país no tiene infraestructura cinematográfica y el proyecto requería de cooperación en los niveles más altos del gobierno. ¿Existía la posibilidad? Consternados, los realizadores consiguieron a la fuerza una junta con el mismísimo presidente de Uganda —Yoweri Museveni— en espera de que les diera su bendición.
“Todo pendía de la junta con el presidente Museveni”, recuerda Bryer. “Necesitábamos todo su apoyo tanto creativa como financieramente. Después de muchas semanas de negociaciones con su delegación, logramos obtener una audiencia. Cuando llegó el día, John Nagenda, Asesor de Medios Especiales del Presidente, se aseguró que fuéramos vestidos con nuestra mejor ropa y que nos comportáramos a la altura; después nos condujo a un gran cuarto, donde ondeaban banderas de Uganda. Kevin, los tres productores, el productor de línea, Andrew Wood, y la gerente de locaciones de Uganda, Emily Mabonga, estaban alineados frente a ocho ministros y oficiales, y a un radiante presidente, con cámaras de televisión y fotógrafos de prensa cubriendo todo el acontecimiento”.
Bryer continúa: “A mitad de la junta, el presidente Museveni me preguntó de dónde provenía mi tribu. ‘Israel y Sudáfrica, señor presidente’, le contesté, en espera de no haber echado a perder la reunión. Dos horas después, a todos nos acompañaron a la salida y los ministros nos dijeron que el presidente no sólo estaba increíblemente contento de que filmáramos en su país, ¡sino que también nos cedía en su totalidad a su ejército, su parlamento y sus ministros!”.
Macdonald estaba fascinado. “Todo mundo pensó que estábamos un poco locos en querer ir a Uganda a filmar, pero estaba absolutamente convencido que era la única manera de hacer esta película”, añade. “Uganda tiene una atmósfera muy especial, con su gran arquitectura modernista de la década de los 50 y 60, que puedes percibir en el edificio del parlamento y en el Hospital Mulago. Quería captar esa imagen diferente y más realista de África, que me parece sorprenderá a la gente. Y una vez que llegamos a Uganda, estábamos rodeados de historia. Casi todo aquel que conocimos quedó, de una manera u otra, profundamente afectado durante el régimen de Idi Amin. Fue una gran diferencia el haber estado donde todo sucedió”.


Un Hombre de Extremos y Contradicciones Impactantes:
Forest Whitaker Interpreta a Idi Amin

Hay pocos nombres en la historia tan reconocidos como Idi Amin. Se ha unido a Hitler, Stalin, Mao, Pol Pot y Sadam Hussein, entre otros, en los rangos de dictadores que aparentemente no conocieron límite humano alguno. Pero Amin fue también un caso excepcional —otrora boxeador y soldado que literalmente de la nada escaló puestos, fascinó al país con su orgullo y personalidad vibrantes, y para muchos parecía ser la más grande esperanza de la recién independizada Uganda, para convertirse en una auténtica nación africana. Cuando en 1971 llegó por primera vez al poder, con un golpe de estado en contra del corrupto y pro comunista Milton Obote, Amin gozó de un amplio apoyo entre los medios y en todo el mundo —la Oficina de Relaciones Exteriores de Inglaterra lo describió, de manera bastante optimista, como “un tipo espléndido y un buen jugador de fútbol”—, hasta que se volvió evidente que estaba matando de manera despiadada a sus adversarios y forjando su gobierno en torno a sus peculiares gustos, “visiones” místicas y paranoias.
La peligrosa naturaleza de Amin surgió cuando se comenzó a involucrar en un nacionalismo extremo —al haber expulsado del país a 50,000 asiáticos—, a provocar la guerra con países vecinos, a asistir en el secuestro de la OLP de un avión de Air France y a crear condiciones que llevaron a la muerte o desaparición de cientos de miles de ugandeses. Exiliados de Uganda contaron desgarradoras historias de tortura, crueldad e, incluso, rumores de canibalismo dentro de los más altos rangos del gobierno.
Y a pesar de ello, todavía existe en la actualidad gente en Uganda que habla respetuosamente de Amin. Kevin Macdonald indica: “Una de las cosas sorprendentes que descubrimos en Uganda es que hay mucha gente que todavía le tiene mucho respeto a Amin. La gente de occidente no entiende que era visto como una persona sumamente extraordinaria, además de alguien que utilizó la violencia indiscriminadamente. Lo que quizás era tanto atractivo como peligroso acerca de Idi fue cuán voluble podía ser. Era alguien que comenzó con grandes intenciones, pero fueron los propios defectos de su carácter que terminaron por menoscabarlo. La gente pensaba originalmente que era cálido y divertido. Pensaban que este hombre no podía lastimar ni a una mosca. Todas esas contradicciones me parecen fascinantes”.
Era evidente que se iba a requerir de la tremenda habilidad de un actor para personificar todas las inmensas paradojas de Amin —todas dentro de los confines de un thriller estructurado de manera rigurosa. Los productores de EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA siempre tuvieron a un hombre en mente para emprender la misión: Forest Whitaker, quien no solamente es considerado uno de los actores de cine más talentosos de la actualidad sino que, además, tiene un extraño parecido a Amin. Con papeles en filmes que van desde la épica de jazz BIRD, de Clint Eastwood, a la ganadora del Premio de la Academia THE CRYING GAME, de Neil Jordan, hasta GHOST DOG, de Jim Jarmusch, Whitaker ha forjado una reputación por encarnar los papeles más diversos y retadores.
Para EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA, Whitaker fue capaz de evocar la doble personalidad de Amin —su encanto y su amenaza— de una manera tan auténtica que a muchas personas en el set les pareció completamente pavorosa. “La interpretación de Forest fue fenomenal”, comenta Charles Steel. “Logró captar tanto la magnanimidad del personaje como su inestabilidad. Puedes ver en su actuación un alcance y realismo tremendos”.
Whitaker llegó al proyecto con la impresión general de que Amin era un bufón y un asesino, pero al poco tiempo profundizó su punto de vista mucho más allá de eso. “Al principio, sólo tenía imágenes muy sombrías de este hombre”, admite. “Lo veía como un maniático grande e iracundo. Pero conforme leí la novela e hice más investigación, comencé a tener una percepción distinta. Cuando ves antiguas imágenes en video de él puedes darte cuenta que Idi también fue un hombre extremadamente encantador. El reto para mí como actor fue interpretar a un personaje realmente íntegro, no sólo una imagen estereotipada”.
Mientras investigaba la historia de Amin, Whitaker llegó a la conclusión de que era un hombre que quería ser un visionario pero que fue víctima de sus propios delirios. El actor declara: “Fue alguien que no provino de la pobreza, sino de la pobreza más inmunda, hasta que alcanzó la cima. Con frecuencia decían que no era inteligente, pero, no obstante, hablaba diez idiomas distintos. Y creo que sí quiso construir más escuelas y hospitales, y arreglar carreteras —pero nunca encontró las mejores maneras para hacerlo. Después, una vez que comenzó a sentir que iba a perder poder se volvió extremadamente paranoico y evolucionó hasta convertirse en una figura más siniestra”.
La ofuscación de Idi Amin generó a la postre rumores extensos de canibalismo y rituales de sangre —aunque éstos nunca fueron comprobados de manera convincente. Historiadores modernos incluso se han llegado a preguntar si Amin pudo haber estado sufriendo trastornos físicos o psicológicos que provocaron su comportamiento inhumano. Pero sin sucumbir ante demasiada especulación, Whitaker, en cambio, desarrolló cuidadosamente la propuesta que tenía de Amin al enfocarse en las cualidades más humanas de sus sueños frustrados y miedos incontrolables. En vez de convertir a Amin una vez más en un estereotipo, Whitaker intentó hacer suyo el papel.
“No quería hacer una personificación exacta”, explica Whitaker, “pero sí estudié cintas de Amin que me ayudaron a entenderlo mejor como hombre. Trabajé en la manera en como hablaba y estudié Suahili porque ése fue su primer idioma. Estaba más preocupado por obtener una cierta esencia del hombre —dar la impresión de que independientemente de las otras cosas que era, no dejaba de ser una persona real”.
Durante su estancia en Uganda, a Whitaker se le recordaba constantemente cuán dividida sigue estando la gente con respecto a sus sentimientos por el dictador. “Ahí, conocí a un general que trabajó con Amin”, recuerda Whitaker, “y dijo, ‘Sí, Amin mató a mi padre, pero, no obstante, hizo algunas cosas maravillosas por este país’. Esta es la manera en como muchos ven a Idi Amin”.
En cuanto a Whitaker, sabía que interpretar a Amin lo iba a llevar a lugares repulsivos y aterradores, en los que nunca antes había estado —eso lo iba a sacudir hasta lo más profundo de su ser. “Sabía que este papel iba a tener un impacto profundo en mí, y cambiar mi manera de ver a África y al mundo”, comentó el actor.


Un Animoso y Joven Doctor Atrapado en una Pesadilla:
James McAvoy como el Personaje Ficticio Nicholas Garrigan

Así como es de importante el papel de Idi Amin en EL ÚLTIMO REY DE ESOCIA, tiene igual relevancia el rol diametralmente opuesto del animoso y joven doctor que no tiene idea a lo que se está metiendo cuando acepta convertirse en médico personal del líder ugandés. Para interpretar a Nicholas Garrigan, los realizadores eligieron a la prometedora estrella escocesa James McAvoy, muy conocido entre los telespectadores del Reino Unido por su papel en la adaptación televisiva de la popular novela de Zadie Smith, “White Teeth”, y por su premiado papel como el ladrón de autos en la comedia “Shameless”, para Channel Four. El público en general podría estar familiarizado con el trabajo cinematográfico de McAvoy, gracias a películas tales como WIMBLEDON y THE CHRONICLES OF NARNIA: THE LION, THE WITCH AND THE WARDROBE, donde interpretó al Sr. Tumnus, el Fauno, uno de los personajes principales.
El personaje original de Garrigan, como fue escrito por el novelista Giles Foden, se basó en una mezcla de hombres de occidente que se volvieron íntimos de Idi Amin, incluyendo un ex soldado británico que fue extensamente visto como uno de los asesores más confiables de Amin. El personaje de Garrigan también se inspiró en el hecho de que el mismo Amin tenía un doctor escocés.
McAvoy se sintió inmediatamente atraído hacia el personaje. “El guión me pareció fantástico y me encantó la esencia del mismo”, comenta. “Nicholas me atrajo porque pasa por una serie de emociones y situaciones muy vasta, y tiene un gran arco de personaje. Nicholas es un poco la personificación de toda la gente que se enamoró de este monstruo, que era Idi Amin, y despertó para darse cuenta que había creado una pesadilla”.
No obstante, McAvoy no quería que Nicholas se asemejara mucho a un observador —sino imbuir en él una energía y humor juveniles para que el público se mantuviera a su lado conforme desciende en un viaje cada vez más funesto. “El reto fue hacer que Nicholas se sintiera como un auténtico ser humano —y no sólo el lente por el cual aprecias la historia”, comenta McAvoy. “Quería hacerlo interesante justo desde el principio porque termina haciendo algunas cosas muy difíciles y despreciables, y eso requirió de mucho trabajo. Si bien no es una persona ‘real’, tenía que haber en él verdad y realismo”.
Una vez que sondeó al personaje, McAvoy comenzó a entender por qué a Nicholas le parece tan placentera la compañía de Amin. “Garrigan ha salido de casa para conocer el mundo, para tener una aventura auténtica, y cuando comienza a trabajar por primera vez en un hospital, en Uganda, se da cuenta que quizás y no sea tan glamoroso y emocionante como creyó que iba a ser, y me parece que tiene miedo que su vida se vaya a volver aburrida”, señala. “Pero cuando conoce a Idi Amin es una gran oportunidad para formar parte del mundo del glamour y la pasión. Ves cómo este ícono magnánimo y escultural le dice que es especial, valiente, que tiene grandes ideas y que está marcando la diferencia en el país. Para Nicholas, es tremendamente atractivo y difícil de resistir. Ese tipo de poder es intoxicante”.
Finalmente, McAvoy ve cómo Nicholas se convierte en un tipo de “Escocés Desagradable” —quien, ingenuamente, impacta a Uganda mucho más de lo que imaginó. “Nicholas comete grandes, grandes errores y creo que la película muestra cómo tan sólo un hombre puede ser tan inadvertidamente destructivo”, comenta. “Gracias a su propio egoísmo, vanidad y ego, Nicholas lo echa todo a perder de manera notable. Lo que es tan fascinante acerca de esta película es que muestra que los hombres malos no siempre hacen cosas malas y que los hombres buenos no siempre hacen cosas buenas —y la ruina de un país es algo complejo que involucra tanto buenas como malas intenciones”.
Los realizadores estaban especialmente impresionados con la devoción que McAvoy le profesó a su papel. “James aparece en casi todas las escenas de la película”, indica Charles Steel. “Brindó una actuación maravillosa, al mostrar cuán fácil puede uno ser seducido por esta situación, y después quitarte repentinamente tus lentes color rosa y darte cuenta que estás en medio de una situación muy siniestra y arriesgada”.
Algunas de las escenas más perturbadoras de McAvoy involucraron una intensa tortura física —aún peor, a manos de su ex amigo— que pusieron a prueba sus límites como actor. “Las escenas de tortura duraron días y fueron tremenda y emocionalmente extenuantes”, comenta. “Fueron secuencias muy interesantes porque cuando Forest, en su papel de Idi Amin, está diciendo, ‘Te voy a matar’, lo que me venía a la mente era, ‘sí, quizás y deberías hacerlo porque seas un monstruo o no, yo soy despreciable’. Después de eso, fue muy intenso y sumamente difícil hacer escenas normales otra vez. Era como, ‘¿a qué te refieres con que tengo que darle la mano y saludarlo?’. ‘¿Dónde está el dolor, dónde está la angustia, dónde está el terrible sentido de impotencia y traición?’”.
A lo largo de la película, McAvoy quedó impactado con la interpretación de Whitaker en el papel de Amin. “En realidad, tienes la oportunidad de ver a Amin de manera íntegra”, indica, “su lado bueno y su humanidad, así como su lado donde nunca sabías dónde estabas parado, donde nunca sabías si se iba a reír contigo o te iba a matar. Era un hombre que mantenía alerta a la gente y Forest es absolutamente brillante al interpretarlo. Podrías creer que Forest es una personalidad calmada y gentil, pero no hay nada más aterrador cuando un hombre bueno se comporta de esta manera”.


Dos Mujeres en la Uganda de Idi Amin:
Gillian Anderson y Kerry Washington Se Unen al Reparto

Incluso antes de que Nicholas Garrigan se involucre con Idi Amin, ya está provocando líos —al entablar un amorío sexual con Sarah, la bella y solitaria esposa del doctor de la clínica de la misión. Para interpretar este pequeño pero relevante papel, los realizadores eligieron a Gillian Anderson, mejor conocida por su duradero y premiado papel como Dana Scully en la exitosa serie “The X Files”. Aquí, interpreta a un tipo de personaje muy distinto —la tranquila y aburrida esposa de un hombre cuya decencia y amabilidad hacen que para ella sea casi imposible enfrentarse a sus propios deseos insatisfechos.
Al leer el guión, Anderson estaba intrigada con la oportunidad de saber más acerca del mitificado Idi Amin. “El guión me llamó la atención porque esta historia te presenta la naturaleza ambivalente del personaje de Amin”, comenta la actriz. “Puedes ver al hombre seductor —tanto amado como temido—, así como al dictador —iracundo y delirante—, que era un demente peligroso”.
También sintió empatía por el coqueteo breve y romántico de Sarah con Nicholas. “Creo que Sarah está desesperada por encontrarse con algo occidental, por cualquier conversación nueva y emocionante, y cuando conoce a Nicholas, de inmediato salen chispas”, comenta Anderson. “Pero entonces se va a trabajar para Idi Amin y lo ve con otros ojos”.
Una vez que está afianzado firmemente en la administración de Amin, Garrigan se embarca en otra relación, todavía más ilícita y peligrosa: ahora con Kay Amin, una de las múltiples esposas del polígamo Idi Amin. Atraído por su fuerza y enojado con la manera en como Amin trata a su hijo epiléptico, Garrigan recurre a Kay en busca de consuelo, una vez que su mundo comienza a derrumbarse.
El papel de Kay lo interpreta Kerry Washington, una de las nuevas y prometedoras estrellas de los Estados Unidos, quien llamó la atención después de su papel al lado de Jamie Foxx, como la esposa de Ray Charles, en la aclamada película RAY, y que la ha llevado a protagonizar películas tales como MR. AND MRS. SMITH y FANTASTIC FOUR. Washington quedó fascinada por la historia de esta mujer de la vida real. Se dice que la auténtica Kay Amin fue una bella e inteligente estudiante universitaria que se convirtió en la segunda esposa de Amin, después de un breve amorío. La vida de Kay terminó rodeada de misterio cuando su cuerpo desmembrado fue hallado en la cajuela de un automóvil —y una investigación indicó que su fallecimiento fue a causa de un aborto practicado por su amante secreto, un doctor ugandés.
Washington no solamente quedó fascinada con la historia de Kay; estaba sorprendida con la manera en cómo el guión de EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA la llevó a un mundo que nunca antes había experimentado. “Es una maravillosa narración que, en apariencia, es acerca de eventos históricos muy específicos en Uganda, pero para mí es, en realidad, acerca de las relaciones humanas y las consecuencias que estos eventos provocaron en la vida de gente real —los muy íntimos, personales y emocionales efectos de la violencia”, comenta.
James McAvoy disfrutó especialmente las complejidades de la relación entre su personaje y el de Kay, que interpreta Washington —que llega a un clímax cuando Kay se percata que está embarazada: “No es tan simple como decir que dos personas se enamoraron bajo circunstancias peligrosas”, comenta McAvoy. “En su caso, son dos personas que, de no haber estado en circunstancias extremas y en necesidad de un bote salvavidas, quizás y ni siquiera hubiera existido una atracción mutua. Para ellos, es más que una pasión, es la supervivencia. Y Kerry es la persona perfecta para el papel porque es muy compleja como actriz, además de ser muy versátil y honesta”.
La química entre los dos fue evidente en el set. “Sus escenas son algunas de las más sensuales que he visto en mi vida”, comenta la productora Lisa Bryer.
La oportunidad de filmar en África fue también un factor importante en el interés de Washington hacia el proyecto. “Mis orígenes y mi familia tienen raíces académicas, así que lo que más encantó fue haber sido capaz de adentrarme en una experiencia sociocultural completamente distinta”, explica. “Disfruté enormemente haberme familiarizado con toda la realidad cultural que rodea a Kay, y cómo ésta moldea su realidad emocional”.
A lo largo de la película, el asesor Charles Mulekwa —un dramaturgo ugandés que también ha trabajado en los EEUU y es capaz de compaginar ambas culturas— trabajó estrechamente con todo el reparto para ayudar a que se sumergieran todavía más en la cultura ugandesa y en los estilos de lenguaje. “Lo primero que hice una vez que me uní al proyecto fue hablar con los actores estadounidenses y tranquilizarlos con respecto a la situación del país y decirles qué esperar de él una vez que estuvieran ahí. Después comenzamos a trabajar en los acentos”, comenta. “Kerry y Forest nunca antes habían estado en África. Así que tuvieron que aprender la diferencia entre el inglés americano y el inglés ugandés. Para cuando Kerry se fue, estaba hablando inglés africano y Forest aprendió a hablar Suahili bien, muy bien”.


En Kampala: Filmar en Uganda

Gran parte de EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA fue filmada en Kampala, Uganda, y sus alrededores, en una ciudad que ha sufrido suficientes problemas en años recientes, pero que, no obstante, es uno de los centros urbanos más bulliciosos y singulares de África —construido sobre siete fértiles montañas y delineado con ejemplos de una arquitectura moderna sorprendente.
Para el asesor ugandés de la película, Charles Mulekwa, parecía que EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA podía brindar una perspectiva fresca e importante de una ciudad y un país que la mayoría de los occidentales sólo han tenido oportunidad de ver en clips noticiosos. “Estaba muy contento de trabajar en este filme porque cuando conocí por primera vez a Kevin Macdonald, dijo, ‘cuando haga esta película quiero exhibir la belleza de Uganda, y no solamente mostrar el tipo de cosas que ves en las noticias, como la enfermedad y los niños famélicos, porque también quiero mostrar las mejores partes del país. Esto me agradó mucho y en la película final ves lo bueno, lo malo y lo feo de Uganda, ¡que me parece lo suficientemente justo!”.
A lo largo del rodaje, los realizadores tuvieron la facilidad de utilizar muchas locaciones genuinas, incluyendo el Hospital Mulago, otrora joya del sistema de salud, bajo el gobierno de Amin; el edificio del parlamento ugandés, en el centro de Kampala; y el afamado aeropuerto de Entebbe, donde una crisis de secuestro aéreo cautivó al mundo en la década de los 70. A pesar de su potencial cinematográfico, la logística en Uganda estuvo bajo un caos constante, simplemente porque el país no está acostumbrado a producciones cinematográficas. Vaya, a ninguna producción cinematográfica.
“La cosa que verdaderamente nos salvó en Uganda es que todos en el reparto y en el equipo de producción aceptaron de buena gana los enormes retos de filmar ahí, y apreciaron trabajar con gente que nunca antes había hecho una película en su vida, además de haberlo hecho con una energía increíble y buen humor”, comenta Andrea Calderwood.
En el mismísimo primer día de filmación, una serie de enredos casi cómicos dio inicio. Calderwood recuerda: “Para una toma, teníamos a todos estos extras y vehículos listos para filmar y la ambulancia no arrancaba. Resulta que por la noche alguien vació el tanque de gasolina, así que tuvimos que, literalmente, empujar la ambulancia para que apareciera en la toma —la primera toma de la película. Todos los días se presentaban una gran cantidad de pequeñeces que nos podían retrasar. Gran parte de los vehículos que utilizamos eran muy antiguos, y no habían sido usado en años, así que no funcionaban correctamente. La gasolina con frecuencia desaparecía. Muchos de los extras nunca antes habían estado involucrados en un película, así que las cosas se tomaron el doble de tiempo. Empero, el equipo de producción tuvo una determinación maravillosa y creo que todos se sintieron muy orgullosos de lo que consiguieron con el filme”.
Charles Steel se sintió igualmente orgulloso con el intercambio que se llevó a cabo entre el equipo de producción occidental y los cientos de entusiastas aprendices africanos que trabajaron en la película. “Ha sido muy remunerador ayudar a entrenar a ugandeses en el arte de la realización cinematográfica”, comenta. “En algunas ocasiones fue difícil y frustrante, pero, a final de cuentas, ha sido una experiencia muy enriquecedora. Espero que de alguna forma ese espíritu y la sinergia generada por el trabajo conjunto de diferentes culturas se refleje en la película”.
En otras ocasiones, las emociones abrumaron a los realizadores al momento de presenciar la cruda realidad de la vida que los rodeaba. Calderwood recuerda: “Cuando filmamos en el Hospital Mulago estaba bastante saturado y había una gran cantidad de gente muy enferma. Mientras trabajábamos, frente a nosotros, acarreaban cadáveres. Son ese tipo de momentos que nunca olvidas, ya que, si bien estábamos haciendo una película ficticia, también estábamos contando una historia real donde todo el tiempo a nuestro alrededor hay sufrimiento y tragedia reales. Fue un recordatorio constante del significado de la historia”.
Para brindar una mirada reveladora de Uganda, así como la tensión visual de un thriller, Kevin Macdonald, en EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA, colaboró estrechamente con el director de fotografía Anthony Dod Mantle, quien es mejor conocido por su trabajo en las películas Dogma de Thomas Vinterberg y Lars von Trier, así como por la aclamada historia apocalíptica 28 DAYS LATER, de Danny Boyle. En diversas ocasiones, Mantle ha tenido la oportunidad de fotografiar en África y Uganda —incluyendo la secuencia surrealista “náusea voladora” en ITS ALL ABOUT LOVE, de Thomas Vintenberg—, y llegó al proyecto con un fuerte sentido de los marcados extremos y belleza física del país.
“Quería trabajar en esta película porque el guión me pareció excelente; una mezcla de entretenimiento, suspenso y un análisis del comportamiento extremo —y también le vi muchas posibilidades visuales”, comenta Mantle con respecto a su reacción inicial. Una vez que comenzó a trabajar con Macdonald, también forjó una sinergia creativa. “Kevin y yo provenimos del mundo documental y creo que eso nos hace más propensos a optar por una mirada excéntrica e imperfecta de las cosas. Siempre estamos muy atentos para captar lo inusual y lo desconocido”, comenta.
Parte de la tarea de Mantle fue imprimirle al filme un estilo intenso y austero para situarlo firmemente en el género de los thrillers contemporáneos, a pesar de abordar eventos que se llevaron a cabo en la década de los 70. Charles Steel señala: “Anthony es un genio y la mirada que él y Kevin han creado tiene una textura más aguda de lo que esperarías ver normalmente en una historia clásica acerca de África. Desde el principio decidieron prescindir de dollies y grúas, pero utilizaron el Steadicam y un estilo mucho más libre y fluido, que, junto con las actuaciones, logró crear algo muy intenso y bello”.
Para Mantle, filmar en Uganda fue clave. “Si hubiéramos rodado en Sudáfrica o Kenia nunca hubiéramos podido obtener esa magia esencial de estar en el lugar donde todo esto sucedió”, comenta. “Creo que es algo que se puede percibir en la película, a pesar de que en realidad no lo puedas señalar. Existe una energía alrededor de la cámara y alrededor de toda escena. Filmar en el salón del parlamento lleno de orificios de bala o estar sentado en la silla en la que pudo o no haber estado sentado Amin hizo que las cosas fueran constantemente interesantes”.
La espontaneidad y flexibilidad de Mantle también le permitieron improvisar en el momento y lidiar con los retos de filmar en una nación del Tercer Mundo. Kevin Macdonald señala: “Anthony tiene la reputación de ser imperturbable en cualquier situación y esa virtud vaya que quedó confirmada por la realidad de nuestra producción. Con muy pocos recursos y tiempo muy limitado, hizo que la película se viera maravillosa”.
Si bien Mantle apreció filmar los paisajes de Uganda, también descubrió que el rostro de Forest Whitaker tenía sus propias características geográficas que necesitaban ser exploradas. “Ver a Forest a través del lente es muy intenso”, acota. “Me percaté que incluso hay una división entre el lado derecho de su cara y su lado izquierdo. Existe una extraordinaria cantidad de dimensión en cada una de sus expresiones y no siempre tienen que ver con palabras. Creo que su interpretación es muy efectiva porque en la superficie es una persona muy tierna y gentil, así que cuando estalla en el Idi más irracional, es verdaderamente monstruoso”.


Escudriñando las Cicatrices del Pasado:
Los Ugandeses responden a EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA

Aunque dejó Uganda en 1979 para exiliarse en Arabia Saudita, y falleció en el 2003, el legado de Idi Amin continúa resonando intensamente en Uganda. Casi todo ciudadano del país cambió de una u otra manera durante su gobierno, así que a Kevin Macdonald, al principio, le preocupó despertar emociones y recuerdos que quizás y era mejor dejar intactos. Pero después de su primer viaje a Uganda encontró, para su sorpresa, que los habitantes estaban ansiosos por platicar acerca de Amin —querían compartir sus historias y contarle al mundo lo que había sucedido en su país.
“Estaba preocupado especialmente con los familiares de aquellos que murieron en aquella época”, declara Macdonald. “Pero, curiosamente, cuando llegué a Uganda aquellos sentimientos cambiaron porque la gente fue muy abierta con respecto al tema y todos lo abordaban de una manera muy compleja —nunca como algo blanco y negro. Nadie nos dijo ‘no deberías de hacer una película acerca de nuestra historia, ¿qué sabes de ella?’ En cambio, todos querían realmente que contáramos esta historia, y que la narráramos con todas sus contradicciones, lo que fue muy gratificante. Una vez que llegamos a Uganda, la preocupación que sentí se desvaneció”.
Al involucrar a muchos residentes en la producción, el espíritu de los ugandeses sirvió de constante inspiración durante la película. Una de las estrellas locales del filme es Stephan Rwangyezi, quien interpreta al leal pero finalmente condenado Ministro Wasswa. Rwangyezi también dirige una compañía de artes interpretativas en Uganda, donde le brinda la oportunidad a jóvenes músicos, bailarines y actores. Estaba encantado cuando la producción de EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA llegó a Kampala, porque le dio a muchos de sus estudiantes una oportunidad por siempre anhelada de participar en una producción de cine genuina.
Al igual que muchos de sus compatriotas, Rwangyezi tiene muchos recuerdos funestos de los 70, pero también estaba entusiasmado por contar una historia más completa acerca de Idi Amin. “Creo que esta película aporta una nueva visión de Idi Amin y las fuerzas que lo rodearon”, comenta. “Siempre he tenido problemas con gente que simplemente representa a Amin como un lunático. Creo que el primer gabinete que Amin conformó, del que mi personaje formó parte, estaba lleno de intelectuales sumamente profesionales, quienes estaban hartos de lo que estaba sucediendo en el país y tenían la esperanza de provocar un cambio verdadero”.
Continúa: “Ves que Idi Amin no fue un accidente, sino una consecuencia directa de nuestra historia. En tiempos de la colonia, el país de Uganda se instauró de manera anormal y creo que Idi Amin fue un producto histórico de toda esta confusión”.
No obstante, ahora, con una relativa estabilidad política, Uganda está optimista con la idea de crear nuevamente su propio futuro. “Los ugandeses han abierto un nuevo capítulo”, comenta Rwangyezi. “Ojalá que esta película se convierta en la primera, pero no en la última, en contar historias de Uganda. Espero que EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA ofrezca una descripción de lo que es Uganda en realidad, porque también existen muchos lados positivos de nuestro país”.



Los Hechos Detrás de la Ficción:
Acerca de la Uganda de Idi Amin

EL ÚLTIMO REY DE ESCOCIA es un thriller de ficción —pero detrás del suspenso yace una historia muy real de Uganda bajo el mandato de Idi Amin. Si bien el tiempo ha sido comprimido y personajes ficticios, como Nicholas Garrigan, han sido añadidos, muchos de los perturbadores eventos que presenta la película ocurrieron en la realidad. A continuación presentamos un breve recuento de la vida de Amin y la vida en Uganda bajo su gobierno.

1925: Idi Awo-Ongo Ongoo nació en la tribu Kakwa, cerca de Koboko, al noroeste de Uganda, de un padre agricultor y una madre herbolaria, de quien se dice era hechicera.

Década de
los 30: Idi es criado en Buganda por su madre, después de la separación de sus padres. Con tan sólo una rudimentaria educación escolar, desarrolla una gran habilidad para los deportes. Se convierte al Islam y cambia su nombre a Amin Dada.

1946: De joven, Amin se une a los ‘African Rifles’ del Rey, un regimiento del ejército colonial británico, que, en aquel entonces, estaba a cargo en Uganda. Dos años más tarde es promovido a cabo y para 1958 alcanza el puesto de comandante de pelotón.

1951: Amin alcanza por primera vez la fama, al convertirse en Campeón de Box en la categoría de Peso Semicompleto de Uganda —título que sostuvo durante los siguientes 9 años.

1952: Amin presta servicio en el Ejército Británico durante la violenta rebelión de Mau Mau en Kenia. Los oficiales lo describen como un “líder nato”.

1961: Amin, que alcanza el rango de teniente, se convierte en uno de solo dos oficiales originarios de Uganda en ser comisionados por el gobierno británico.

1962: Tropas bajo el comando de Amin son acusadas de perpetrar una masacre, en la que hubo torturas y otros actos infames (incluyendo el entierro de gente viva), en la región vecina de Turkana, en Kenia. Sin embargo, las autoridades deciden no entablar una consejo de guerra en contra de Amin.

1962: El 9 de octubre, Uganda recibe su independencia de Inglaterra y el país es ahora liderado por el Primer Ministro Milton Obote. Durante su régimen, Amin hace su primer viaje a Israel para recibir entrenamiento de paracaidista.

1964: Amin es promovido a Comandante Auxiliar del Ejército y de la Fuerza Aérea de Uganda.

1966: Acosado por reportes de escándalos financieros, Milton Obote suspende la constitución ugandesa, arresta a la mitad de su gabinete y se instala como Presidente vitalicio. Mientras tanto, Amin se vuelve héroe nacional en la Batalla de Monte Mengo, un ataque victorioso al Rey de Buganda, la tribu dominante en el país. Más tarde, Amin declarará que estuvo protegido porque las balas no pueden lastimarlo.

1969: Después de librar varios intentos de asesinato, un Obote nervioso remueve a Idi Amin de su puesto de comando en las fuerzas armadas.

1971: Amin lleva a cabo un exitoso golpe de estado en contra de Obote —apoyado por los británicos— y la nación celebra lo que muchos esperan es el comienzo de una nueva era. Amin se declara presidente y recibe una oleada de ferviente apoyo; hace promesas audaces, entre las que destacan la abolición de la policía secreta, la liberación de todos los presos políticos, la reforma a la economía y la celebración de elecciones libres. Las primeras respuestas internacionales a su liderazgo son tremendamente positivas.

1971: Seis semanas después de que Amin toma el poder, una bomba estalla en la Prisión de Makindye, en Kampala, matando a 32 oficiales del ejército que se encontraban atiborrados en una celda. Para el final de su primer año en el poder, se estima que Amin ha matado a dos terceras partes del ex ejército ugandés. Amin comienza a instaurar escuadrones de la muerte como parte del llamado “Buró de Investigación del Estado”, y autoriza asesinatos y ejecuciones (usualmente por decapitación) en aquellos que cree todavía le guardan lealtad a Obote.

1972: Amin expulsa del país a toda la comunidad asiática, alegando que quiere que Uganda sea un “país de hombres negros”. A más de 50,000 familias indias y paquistaníes les dan solamente 90 días para evacuar el país, y les permiten llevarse sólo lo que puedan cargar en sus brazos.

1972: La campaña de Amin en contra de supuestos rivales se intensifica, mientras cientos de miles son secuestrados y asesinados. Entre ellos, no solamente se encuentran miembros de su propio parlamento y oficiales del gobierno, sino también jueces, miembros del clero, profesores, periodistas, hombres de negocios y una amplia variedad de ciudadanos comunes y corrientes, quienes caen bajo sospecha por cualquiera que sea la razón.

1972: Inglaterra e Israel comienzan a retirarle su apoyo a Amin. Ahora le pide ayuda a Muammar Qaddafi, líder de Libia, y a la Unión Soviética.

1973: Estados Unidos cierra su embajada en Uganda.

1974: El cuerpo de Kay Amin, la segunda esposa de Idi, es encontrado descuartizado en la cajuela de un automóvil que pertenece a su amante, un doctor ugandés, quien aparentemente lo envenenó. Nunca se da una explicación completa de los horrendos eventos.

1975: Amin, todavía muy popular por toda África, es elegido Presidente de la Organización de Unidad Africana (OAU, por sus siglas en inglés).

1976: Un avión de Air France lleno de israelitas y judíos con rumbo a París es secuestrado por terroristas a favor del movimiento palestino, y aterriza en el aeropuerto de Entebbe después de que Amin les ofrece un refugio seguro. Amin se involucra personalmente en las negociaciones con los secuestradores —pero el 4 de julio es sorprendido cuando comandos israelitas invaden el aeropuerto y llevan a cabo un exitoso ataque para liberar a la gran mayoría de los pasajeros. Durante la operación, que duró una hora, dos rehenes son baleados y uno es dejado atrás: la abuela británica-israelí Dora Bloch, quien más tarde será brutalmente ejecutada. En respuesta, Inglaterra rompe toda relación diplomática con Uganda.

1978: La situación en Uganda se deteriora todavía más una vez que la inflación se eleva desmesuradamente, estallan rebeliones armadas e intentos de golpes de estado se vuelven cada vez más comunes. Mientras tanto, como una distracción de los problemas domésticos, Amin lanza un ataque en el país vecino de Tanzania.

1979: Las victoriosas fuerzas de Tanzania toman Kampala y Amin huye a Libia, llevando consigo a cuatro esposas, 30 amantes y, al menos, a 20 de sus hijos. Después visita brevemente Irak, antes de establecerse en Jeddah, Arabia Saudita el resto de su vida.

1980: Milton Obote retoma el poder en Uganda, pero su régimen es tan violento como el de Amin. Conflictos armados estallan en la zona norte del país, que cobran miles y miles de vidas, y que traen consigo una guerra civil que continúa hasta la fecha.

1986: Yoweri Museveni, exiliado y ex adversario de Amin en la década de los 70, se convierte en Presidente de Uganda y comienza la ardua labor de reconstruir el devastado país.

1989: Idi Amin hace un último intento por regresar a Uganda pero es detenido en Kinshasa, Zaire y, a la fuerza, es repatriado a Arabia Saudita.

2003: Idi Amin muere de una deficiencia en los riñones en Arabia Saudita.

2006: El progreso continuo en Uganda ha provocado un considerable crecimiento económico y mejoras, especialmente en la lucha contra el agresivo virus del SIDA y en la educación infantil. Sin embargo, la violenta rebelión que comenzó a principios de los ochenta, continúa librándose al norte de Uganda y ha traído como resultado secuestros, ataques y severas crisis humanitarias.
 

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