"LA DINÁMICA SEXUAL EN EL NUEVO CINE DE HUMOR FRANCÉS"

por Silvia G Romero

 

En los últimos años, el cine francés se ha dedicado a estudiar el comportamiento amoroso en la mediana edad desde una perspectiva francamente comercial. El examen minucioso de las reacciones de orden emocional suscitadas tras el fantasma del adulterio o de una vida disipada en materia de libres elecciones dio pie a la construcción de más comedias ligeras que concienzudos dramas. Las aproximaciones autorales que sobre el tema hicieran Alain Resnais o Francois Ozon no impidieron que otros realizadores asomaran en el horizonte cinematográfico de este país con la abierta intención de dejar su pequeña huella impresa en la retina de sus espectadores. Una de las que mejor domina este tipo de registro es la particular Marion Vernoux quien con "Reinas por un día" devino en una hábil artesana del factor 'risa' al trabajar los enredos de pareja en función de la inestabilidad femenina. También Michel Blanc, esmerado actor y director recordado por sus intervenciones en "Buffet Froid" y "Monsieur Hire", probó suerte en el fructífero mercado del humor al reseñar los cruces intencionales de maridos en celo y esposas desprejuiciadas en la producción "Besa a quien quieras", film que significó un éxito de taquilla en Europa no sólo por las profusas relaciones extramaritales presentes en el relato sino también, por el importante elenco convocado para tal fin donde sobresalen Carole Bouquet, Jacques Dutronc y Charlotte Rampling. No es casual, entonces, que en la grilla de estrenos del 2003, dos películas vinculadas con esta dinámica de los sentimientos se destaquen a nivel popular.

"Siete años de matrimonio", del desconocido Didier Bourdon, propone examinar, desde todos los costados posibles, el desgaste matrimonial y la falta de comunicación personal. Apoyado en reflexiones sociológicas del escritor Michel Houellebecq, Bourdon ha querido escapar de lo politicamente correcto en materia de creencias populares y experiencias personales para articular mitos y lugares comunes de la sexualidad a través del pícaro accionar de su pareja protagónica. En el inconformismo de Audrey y Alain, subsiste una persistente crítica del director con respecto al consumo masivo de manuales de autoayuda y terapias alternativas, fenómenos que a su entender profundizan la crisis y la incompatibilidad de caracteres. Lejos de diseñar una serie de equívocos exquisitos como los de Billy Wilder en "La comezón del séptimo año", Bourdon apuesta a la creación de estereotipos que promueven una fácil identificación con la platea al trabajar las 'fantasías' como una curiosa hoja de ruta antimonogámica. Otro ítem considerado en "Siete años de matrimonio" refiere a la relativización de las conductas liberales del siglo XX donde se reafirma que la conclusión del deseo no se corresponde con la construcción de una 'mecánica del placer'. La regla de oro impuesta aquí está más relacionada con la franqueza anímica y el recupero de un erotismo primigenio que con trascender los tabúes impuestos desde tiempos inmemoriales.

De frutos prohibidos y vacíos existenciales también se nutre "La amo, me ama, te amo...", fresco costumbrista treintañero que a partir de una estructura de conjunto captura el tema de las dudas personales utilizando la clave paródica. En este caso, la línea argumental se centra en el desapego de los padres hacia la institución familiar que forjan por culpa del cónyuge equivocado. El efecto de comicidad descansa en la disfuncionalidad y la falta de motivación de los simpáticos casados que comparten su rato de ocio vacacional en una casa de campo. Desde los tiempos de "Reencuentro" de Lawrence Kasdan y "Husbands and Wives" de Woody Allen, el concepto de 'corazones encontrados' ha alimentado la industria del entretenimiento al pactar, en forma creativa, con el horizonte de expectativas del que compra una entrada para sentirse comprendido. La sagacidad y astucia empleadas por Benoit Cohen en el manejo de las carencias afectivas ratifica esta máxima marketinera, sabiendo de sobra que nunca va a agotarse la fórmula del viejo mandamiento: 'no desearás a la mujer de tu prójimo'. Contrariamente a lo que piensa Bourdon sobre lo que hace un siglo se conocía como el 'síndrome de Madame Bovary' (uno se lamentaba durante toda su vida no haber dado el gran paso), Cohen apuesta sus fichas a la autorrealización individual dejando los compromisos nupciales y el voto de castidad de lado para circunscribirse al poderío del azar.

También, los directores ponen el acento en las irregulares relaciones entre padres e hijos como ingrediente fundamental para causar hilaridad sin preconceptos. Algunas claras referencias de este singular fenómeno alquímico son las celebradas "La vida es un río tranquilo", "Tanguy" (vuelta de tuerca sobre el Complejo de Edipo) y "Demain on Demenage", donde una joven esquiva al amor canaliza su pánico social redactando las fantasías sexuales de los demás.

 

 

 

Es evidente, entonces, que mientras los desórdenes psicosexuales sigan a la orden del día, productores y cineastas en ciernes los mantendrán vigentes en la pantalla grande por más tiempo, resultando este método, desestructurado y de franca absurdidad, el recurso más genuino para satisfacer al espectador común sin descuidar la taquilla.

 

 

Silvia G Romero  

 

 

 

 

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