De ahí en más, el espectador asiste a una especie de 'juego del gato y el ratón', esquema presente en los thrillers más populares como los de Agatha Christie o los policiales de Claude Chabrol (cineasta al que Ozon evoca en todo momento) sin olvidar a Hitchcock y sus relatos de intriga o las peculiares "Clue, los siete sospechosos" y "Cena a las ocho" de Ron Lagomarsino, íconos paródicos del 'suspense' más tradicional. Se podría decir que, en la actualidad, "8 mujeres" puede homologarse a otro ejercicio virtuoso del 'misterio' como es "Gosford Park" de Robert Altman. Otra marca identificatoria que hace al film 'inclasificable' es la inclusión artesanal de números musicales que reemplazan al clásico monólogo interior o voz en off habituales, característica preanunciada en "Gotas que caen sobre rocas calientes" y en cierto modo profundizada aquí en forma de homenaje ecléctico citando a Rita Hayworth; Doris Day; Natalie Wood, Serge Gainsbourg y las películas teenagers donde el popcorn se entremezclaba con alguna avispada coreografía. Ozon se suma de esta manera a la renovada legión de directores franceses dispuestos a desnudar el artificio con la irrupción del musical como por ejemplo "Jeanne y el muchacho formidable" de los militantes de "Act Up", Olivier Ducastel y Jacques Martineau donde además de incluir la presencia de Virginie Ledoyen, joven integrante del clan de "8 mujeres", se aborda el tema del sida desde otra perspectiva o "Conozco la canción" del renovado maestro sesentista, Alain Resnais. Probablemente, esta experimentación con el discurso contemporáneo esté ligada a la irregular "Todos dicen te quiero" que a pesar de significar un revés en la carrera de Woody Allen sirvió de punto de partida para descontracturar un eje común de percepción. También, el irreverente Takashi Miike se atrevió a seguir los mismos pasos con "La felicidad de los Katakuris" aunque Ozon prefirió agregar una singular opción a su amplia escala de matices que lo distancia del resto de sus colegas y es el trabajo con las actrices fetiches de los 'niños terribles' emblemáticos de su país como Catherine Deneuve/André Techiné; Fanny Ardant/François Truffaut; el trío Isabelle Huppert/Chabrol/Benoit Jacquot o la consentida de Claude Autant Lara y Max Ophuls, Danielle Darrieux, piedra basal del star-system pasado.

Esta extraña alquimia que conjuga divas ya establecidas con otras en franco ascenso como Enmanuelle Beart o Ledoyen, tiene como propósito primero la creación de un efecto coral cuyo fin es impactar a una platea ávida de desenlaces poco ortodoxos pero fieles al cáustico dogma del realizador que incluye luchas de poder, violencia física y un programa doble de tinte lésbico y bisexual. En síntesis: el desafío de François Ozon se reduce a estimular la capacidad de asombro de aquel que se atreve a pactar con sus osadas premisas en un medio esquivo a tamaña rebeldía.

SILVIA G. ROMERO
 

silviag@email.com

 

 

 

 

 

INDEX FESTIVALES RETROSPECTIVAS ESTRENOS Y NOVEDADES

 ENTREVISTAS INFORMES CRITICOS CONTACTENOS