LA EDUCACIÓN SENTIMENTAL

 EN EL NUEVO CINE ITALIANO

En el PRE-EFI 2002 se presentaron como anticipo de la 5º edición a realizarse en la Ciudad de Buenos Aires desde el 17 de octubre de 2002 distintos filmes correspondientes a la última producción de cine italiano que, entre otras cosas, ha puesto su acento en  el desarrollo de historias relacionadas con la búsqueda de la identidad personal y cierto replanteo del concepto de familia en la sociedad moderna actual. Como puntos de interés narrativo surgen aquellos que vinculan al individuo con el éxito en su profesión, característica que le otorga una independencia inversamente proporcional al ideal hogareño tradicionalmente impuesto como refugio de expectativas y contención emocional. Argumentalmente, estas producciones se han propuesto examinar con criterio entomológico hasta donde la competencia diaria y el hastío de una visión dogmática del porvenir laceran el poder imaginativo del hombre común y la posibilidad de elegir una opción distinta con respecto a gregarismos y condicionamientos propios de la masa.

"El dulce rumor de la vida" de Giuseppe Bertolucci se propone indagar en los distintos matices de representación de la crisis apropiándose de la relación que une a una joven actriz de teatro con un niño abandonado. La inmadurez, las situaciones límite, el deterioro amoroso y la conciencia de la orfandad se constituyen en tópicos comunes cuyo fin es narrar el descontento y la apatía. Los personajes se manifiestan en contra de los cánones convencionales recreando repetidamente la tragedia de sus vidas a través de la puesta en escena, no sólo en el orden diario sino también en el estrictamente teatral, de la experiencia shakesperiana. "Otelo" y sus consecuencias dramáticas, actúa como el disparador de necesidades no satisfechas y como metáfora del deseo frustrado y la falta de crecimiento individual.

G. Bertolucci ya había trabajado estos quiebres en "Secretos, secretos" donde el desarraigo y un núcleo familiar que no se reconoce enfermo son desarrollados en función del eje central del terrorismo y su praxis aplicada como correlato de la desolación.

La premisa principal elegida por el director consiste en enmascarar la pérdida a través de la pertenencia a un ideal que puede ser político o artístico, pero que, en definitiva, no cumple con el anhelo de independencia afectiva en los seres que se aferran a estas utopías. Se podría  decir, entonces, que el fin se trunca por perseguir los medios equivocados aunque este error de visión no es contemplado por quienes lo llevan a la  práctica, motivo por el cual ambos filmes presentan sujetos dislocados que se alejan de los orígenes que pretenden recuperar.

 

Para reflejar esta realidad invertida, "El dulce rumor de la vida" utiliza como soporte audiovisual planos inclinados y travellings sinuosos que le dan al relato cierto tono de ensoñación donde la heroína (Francesca Neri) se distancia de sus inseguridades ideando un mundo propio de la atmósfera que caracteriza el universo de los cuentos infantiles.

Frente a esta perspectiva, Ferzan Ozpetek prefiere destruir de plano la quimera en la que se instalan sus personajes forzándolos al conocimiento de regiones del alma no exploradas, a las que por lo auto-imposiciones de todo tipo se niegan a incursionar. En "Secretos de pareja" se crece de golpe y sin contemplaciones ya que es frecuente encontrar en la filmografía de este cineasta de origen turco, la voluntad de erosionar los cimientos de una moral pequeño-burguesa acostumbrada a privilegiar el confort y la seguridad urbanas antes que la autenticidad de sus sentimientos. Ozpetek denuncia lo establecido implantando un micro mundo ajeno al saber media que se revela como la zona oscura a la que se accede una vez que las actitudes de clase han sido depuestas. Dentro de la película, este micro mundo se encuentra representado por el espacio físico que nuclea a homosexuales y travestis vinculados con la muerte del esposo de una médica interpretada por Margherita Buy, hecho que facilita en ella misma la decisión de optar por una conducta diferente y menos hipócrita en sucesos posteriores. No es casual que el título original fuera "El hada ignorante": su doble sentido sintetiza por un lado la irrupción de una obra pictórica que lleva esta inscripción (factor desencadenante de la intriga) y por el otro, el estigma de una verdad oculta. Este recurso se manifiesta también en "Hamas-El baño turco" donde lo prohibido es sinónimo de lejanía, simplemente reemplazando un referente por otro. Así, el medio ambiente "queer" de "Secretos de pareja" es momentáneamente desplazado por la indagación de los ritos y costumbres de Estambul con el único objetivo de derribar los mitos de una sexualidad reprimida.

El "viaje" representa en la filmografía de Ozpetek la instancia en la cual el individuo se redescubre casi en su totalidad aunque esta aventura implique riesgos y dudas en el camino hacia una superación de viejos esquemas sociales. Este interés cognoscitivo recuerda pasajes de "El cielo protector" de Bernardo Bertolucci y la más reciente "Café de la Plage" de Benoit Graffin donde la actitud errática de los personajes y los amores contrariados son explicados en relación al paisaje que los contiene.

Contrariamente "El último beso" realización de Gabriele Muccino, busca distanciarse de todo dramatismo reflexivo para avanzar sobre un mercado que pone el acento en lo popular más que en las estructuras complejas. Con buenas dosis de humor y un ritmo propio de las viejas comedias italianas, Muccino apuesta otra vez a los enredos de pareja examinando cuán precario puede ser aquello que llamamos "hogar". Para lograr efectividad en una platea afín a los vaivenes sentimentales que afloran en distintas escenas de la película, el director se ajustó a una edad donde la traición y el engaño pretenden rememorar el desprejuicio típico de la adolescencia. El tema favorito de "El último beso" son los treintañeros y su afán de depositar en el sexo insatisfacciones propias de la rutina y una supuesta adultez. Con simplicidad y muchos gags, Muccino prefiere definir el tedio a través de sus múltiples manifestaciones histéricas antes que ponerse ceremonioso. Si bien mucho de lo que sucede es extraído del orden diario y de la observación minuciosa de los conflictos generacionales lo que resulta más atrayente, al hablar de marcas que fuerzan la identificación del espectador con la historia, es el tono de levedad y sarcasmo en el que se desarrollan los hechos. Son materia de análisis los variados grados de dependencia en la institución matrimonial y el hartazgo al que conduce la fidelidad ya sea en uniones recientes o las que se sostienen a partir de una larga convivencia. Hilando muy fino, "El último beso" teje una telaraña que atrapa a padres e hijos por igual en la suma de más defectos que virtudes pero sin el afán de moralizar. Simplemente recuerda que los ciclos se heredan con sus pro y sus contras y que crecer implica  asumir responsabilidades para las que no siempre se esta preparado.

SILVIA G. ROMERO

silviag@email.com

 

 

 

 

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